12 May Still Here

by Marcos Gabarri

We may never understand what it means to grow old. Perhaps this is because young people think the world was only born at the same moment they were. Self-centred, youngsters have an intrinsic drive, almost an impulse, which is impossible to suppress: They have a hunger for making mistakes. They are drawn to them like a moth to a flame despite the knowledge they are flirting with death. Young people are guilty because they are the ones who introduced mistakes into human DNA. Humans are built on failure and randomness.

Despite this, it is said we learn from our mistakes. People say that they make us stronger and wiser. But how true is that? Individuals may be able to learn from their mistakes, but history suggests we are not able to do that as a collective. Are people able to reconcile with their own sins? Does there come a time when we are grown up enough to accept we failed? Where is the line that delimits youth and old age? Lorenzo Hagerman claims that mistakes hold the key to eternal youth and, at the same time, are a vestige of our final destination: death.

‘Still Here’ is a twist on the old age stereotype with an optimistic story, a tribute to the pleasures of life. The Mexican documentary maker follows the daily routine of men and women more than 85 years old who are from seven different countries. Their testimonies lay out what it means to be human: Their dreams, love affairs, sorrows, and truncated aspirations. The characters demand their place in the present while remembering their past. However, above all Hagerman perfectly portrays how people, almost a century old, are still thinking about the future.

The film begins with the awakening of the protagonists. They do not feel sorry for themselves, they feel privileged instead. They feel that now is their moment, that old age has blessed them now they are no longer burdened by work. They can now dedicate time to themselves, to do what they really like to do. Sumiko, in Japan, learned this when she was 60 years old; Abigail, Mexican, enrolled in music lessons at 95.

Hagerman shows using simple stories how happiness is found in small things, by accepting the mistakes of the past and living in the present. At some point, the director asks the characters about the secret of their longevity. Everyone agrees on one thing: Nothing makes us get older quicker than thinking we are old. As a Spanish proverb states: the devil is wiser for being old than for being the devil.

‘Still here’ has been chosen to close the fourth edition of IberoDocs.

__________________ SPANISH __________________

Puede que nunca lleguemos a entender qué significa envejecer. Quizá porque la juventud siempre tendió a pensar que el mundo nació al mismo tiempo que ella. Naturalmente egocéntrica, posee un propósito intrínseco, casi un impulso, un instinto imposible de aplacar: está sedienta de errores. Se lanza a ellos con pasión, como el mosquito que revolotea alrededor de la luz, a sabiendas que coquetea con la muerte. Fue ella la culpable, la que los hizo nuestros, la que los incluyó en nuestro ADN en una máxima histórica. Porque la juventud erigió al ser humano sobre una cúspide fallida. Errática.

A pesar de ello, se dice que de los errores se aprende, que nos hacen más fuertes, más sabios. Pero, ¿hasta qué punto es eso cierto? Puede que el ser humano pueda aprender de sus errores como individuo, pero la historia nos indica lo contrario cuando entendemos a la humanidad como un colectivo. ¿Son todas las personas capaces de asimilar sus propios pecados? ¿Existe un momento en la vida en el que se alcance tal grado de madurez? ¿Dónde se encuentre la línea que delimita juventud y vejez? Para Lorenzo Hagerman, los errores guardan el secreto de la eterna juventud y, a la vez, son un vestigio de nuestra mayor condena: la muerte.

‘Aquí sigo’ consigue dar una vuelta de tuerca al concepto de vejez mediante un canto optimista, un homenaje a la vida encubierto y explícito, al mismo tiempo. El documentalista mexicano muestra el día a día de hombres y mujeres de más de 85 años en siete países del mundo conformando un manifiesto divertido, didáctico y enternecedor. Los testimonios de los protagonistas ponen encima de la mesa la naturaleza del ser humano, sus sueños, sus amoríos, sus penas y aspiraciones truncadas. Saben cómo reivindicar su lugar en el presente, pero sin que ello implique olvidar sus tiempos pasados. Pero, sobre todo, Hagerman retrata a la perfección cómo el futuro sigue siendo tema de conversación cuando se tiene casi un siglo de vida.

La obra comienza con el despertar de los protagonistas, en un reflejo del inexorable paso del tiempo. Todos ellos se consideran privilegiados, lejos de compadecerse de sí mismos. Sienten que ahora es su momento, que la vejez les ha bendecido, pues ya no están sometidos al yugo del trabajo. Ahora es cuando pueden dedicar tiempo a ellos mismos, a volcarse en aquello que realmente les apasione. Sumiko, en Japón, aprendió a pescar con sesenta años; el mexicano Abigail, se apuntó a clases de música a los 95.

Hagerman retrata mediante relatos sencillos cómo la felicidad se encuentra en las pequeñas cosas, en la importancia de aceptar los errores del pasado y vivir el presente. Cuando el mexicano pregunta a los protagonistas cuál es el secreto de su longevidad, todos coinciden en una cosa: nada envejece más que pensar que nos hacemos viejos. Y ya lo dice la sabiduría popular: más sabe el diablo por viejo que por diablo.

‘Aquí sigo’ es la cinta escogida para poner punto y final a la cuarta edición de IberoDocs.